Del glamour al amor

Revista ACADEMIA. 103. Juliol 2004
per Joaquim Romaguera i Ramió (AEHC)

El 17 de febrero feneció en San Diego (California) ésta en otrora celebrada actriz de rompe y rasga nacida en Manresa, emparentada con el llorado polifacético del intelecto Jaume Picas i Guiu y la joven plurilabores audiovisuales Montserrat Guiu i Valls.

Hija de un músico que se vio obligado a tomar el camino del exilio, pasando de un campo de concentración francés a México, donde recaló en 1942. Allí su hija se casó y pronto se introdujo en el medio interpretativo.

En 1943 ya debutó a las órdenes de Gilberto Martínez Solares (Resurrección) o de Miguel Contreras Torres (La vida inútil de Pito Pérez). En ese año trabajó nada menos que en quince títulos, en uno de los cuales se mostró tal cual desnuda, el primero de su carrera y a la postre uno de los primeros del cine mexicano.

Igualmente se prodigó encima de las tablas. En 1944 obtuvo su primer gran éxito por El rey se divierte (Fernando de Fuentes), premio Revelación,
que recibió de nuevo por Nosotros (Fernando A. Rivero) junto a Ricardo
Montalbán.

Como Emília ha explicado, a partir de ese momento “se inicia la fabricación de un mito, el mío, que surge bajo el sistema de promoción y expansión de cotilleos y anécdotas”. Todo ello potenciado y aderezado gracias a su belleza rubia, más bien despampanante, a caballo entre la vamp y la diva.

Después de cerca de sesenta títulos protagonizados al lado las más notables y populares estrellas del cine azteca, en 1958 se alejó de los reflectores para casarse de vuelta con un petrolero e irse a vivir a Yuma (Arizona): “dejé el glamour por el amor”, ha escrito la actriz, aunque en 1982 fue reclamada de nuevo para cuatro títulos más y algo de televisión.

Después escribió sus memorias, que alcanzan hasta 1958 y cuyo título es suficientemente elocuente, Una estrella al desnudo: vida y pecados. En ellas escribió: “Mis pecados fueron de amor y pasión, que se pueden disculpar”. …¡Hasta en los cielos, Emília!